Narrador Omnisciente:
Silencio rotundo.
Aquella declaración había traído un agobiante sosiego a la habitación donde se encontraban aquellas dos personas, enfrentadas a los más crudos sentimientos.
El hombre rubio, aturdido por las palabras de la mujer, yacía con los ojos muy abiertos y los labios ligeramente entreabiertos. Su respiración era débil; se había quedado sin aliento, sin poder creer lo que había escuchado.
Su corazón, no, todo su mundo entero se detuvo con aquellas palabras que