Narrador Omnisciente:
Silencio rotundo.
Aquella declaración había traído un agobiante sosiego a la habitación donde se encontraban aquellas dos personas, enfrentadas a los más crudos sentimientos.
El hombre rubio, aturdido por las palabras de la mujer, yacía con los ojos muy abiertos y los labios ligeramente entreabiertos. Su respiración era débil; se había quedado sin aliento, sin poder creer lo que había escuchado.
Su corazón, no, todo su mundo entero se detuvo con aquellas palabras que sonaron para él como un deleite celestial, pero que, también, lo invadieron de duda y sospecha al instante.
Aunque él había soñado con el momento en que Alaia lo aceptase, le parecía extraño que, tan de repente, ella le dijese aquello. No era tonto, sabía que algo podía estar pasando, pero su corazón ya se había rendido ante el amor.
Un hombre enamorado era un hombre perdido.
Por su parte, Alaia trataba de mantener la calma aunque fuese fingida. Quería que Bastian creyese sus palabras, pero l