Narrador Omnisciente:
El ambiente se tiñó con una densa capa de deseo.
Dos cuerpos se deseaban con la furia de un volcán en erupción, pero, aunque no lo demostraban, ambos sentían miedos. Él temía perderla a ella, y ella temía perderse a sí misma. Trataba de mantenerse enfocada en lo que tenía que hacer, pero su cuerpo siempre fue un cruel traicionero.
El ambiente se llenó de suaves jadeos cual melodía y el calor se sentía como brasas sofocantes que, a su vez, avivaban la llama que ya ardía en sus cuerpos.
Cuando ambos reaccionaron, ya se encontraban en un lugar adecuado: la cama. La silueta de ambos amantes se vislumbraba a contraluz por la tenue luz que se colaba como intrusa en la oscura habitación.
Pero, aún inundada por el deseo, Alaia seguía sintiendo un atisbo de lucidez y pensó que estaba yendo demasiado lejos.
Bastian se hallaba encima del cuerpo de Alaia, tocando con insistencia la piel expuesta, encima de la camiseta holgada que ella aún portaba y esos pantalones de