Narrador Omnisciente:
El ambiente se tiñó con una densa capa de deseo.
Dos cuerpos se deseaban con la furia de un volcán en erupción, pero, aunque no lo demostraban, ambos sentían miedos. Él temía perderla a ella, y ella temía perderse a sí misma. Trataba de mantenerse enfocada en lo que tenía que hacer, pero su cuerpo siempre fue un cruel traicionero.
El ambiente se llenó de suaves jadeos cual melodía y el calor se sentía como brasas sofocantes que, a su vez, avivaban la llama que ya ardía