POV Alaia:
—¿Estás más tranquila, Lía? —me pregunta con suavidad Bianca, pero yo permanezco inmóvil.
Me siento como un cuerpo al que le han arrancado el alma. No tengo deseos de moverme siquiera. Lloré hasta el cansancio y volví a acostarme en la cama, queriendo que esta me absorbiera y me escupiera en otra parte.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que Bianca llegó a consolarme. No sé si fueron minutos u horas; solo sé que estoy agotada, pero el sufrimiento no ha disminuido, solo incrementa la desesperación a cada segundo que pasa. Bianca no se ha movido de mi lado y ahora es que rompe el silencio con esa pregunta que, sinceramente, no deseo responder.
—Oh, Lía... —su voz se llena de tristeza, pero yo sigo sin moverme—. Ya nos informaron... Sobre la decisión de Lombardo.
Maldito Lombardo.
El nudo en la garganta se hace cada vez más intenso, casi sin dejarme respirar y, aunque quisiera seguir llorando de manera lamentable, no puedo hacerlo porque las lágrimas se han acabado. No