GEMA
A la mañana siguiente me levanto temprano; dormir ha sido imposible. En la arena de entrenamiento me encuentro con Leonardo y Natalie.
Ellos no me ven mi pecho se aprieta sin que pueda evitarlo. Leonardo está callado, concentrado, y Natalie a su lado, sonriente como siempre.
¿Es que no puede separarse de él? Van a entrenar juntos…como hicimos nosotros.
Se acerca despacio y apoya su mano sobre el brazo de Leonardo. Lo acaricia con suavidad mientras que él revisa unos papeles. Él no dice nada, no aparta el cuerpo. Mi loba se relaja un poco ante su silencio, pero mi corazón sigue dando golpes salvajes.
Natalie empieza a hablar, ligera, despreocupada:
—Estoy tan emocionada por la boda y por vivir juntos. Somos la pareja perfecta.
Vete Gema, no te quedes aquí como masoquista. Pero quiero saber que le dice él.
¿Ella sabrá que estoy aquí?
Ella sigue hablando:
—Estoy deseando tener hijos… ya sabes, llenar la casa de risas…
El comentario me atraviesa como un puñal. Mis puños