LEONARDO
—Explícate —digo, apretando los dientes, conteniendo la rabia.
—Hace una semana… o quizás más —empieza, con voz firme pero un hilo de nerviosismo—. Vi cómo un hombre intentaba llevársela. Ella estaba entrenando en la arena por la tarde. Pasé por casualidad y entonces chilló, llamó mi atención.
—Al principio no entendía qué estaba pensando. Ese hombre no pertenecía a la Orden… ¿quién lo había dejado pasar? Lo intercepté y lo interrogué en ese mismo instante… pero murió. Estoy seguro de que fue una maldición. No pude sacarle información.
—¿Y Dalia? —pregunta Gema, su voz cargada de preocupación.
—Me la llevé a una de las casas de la familia. —me miro un instante, y luego a Carlisle—. La chica me ha contado algo… y creo que aquí está pasando algo de lo que no soy completamente consciente. Me gustaría estar al tanto, Carlisle.
Todos nos quedamos en silencio.
—Hijo, lo que está pasando es algo muy grave y …si te lo cuento voy a tener que hacer un juramento.
—No confías en mí…—dice