LEONARDO
Lo primero que hacemos al regresar a la Orden es reunirnos con Carlisle. No me gusta en absoluto que Gema haya vuelto al mismo lugar donde la apuñalaron, donde estuvo a punto de perder la vida pero no podemos permitirnos mostrar grietas.
Hay que fingir normalidad, seguir cumpliendo misiones… y, sobre todo, descubrir quién demonios está moviendo los hilos.
Para proteger el dormitorio de Gema he lanzado dos hechizos de ocultación y defensa. No son infalibles. Un mago realmente poderoso —como Carlisle o yo— podría sondearlos si se lo propusiera y pecisamente por eso además hemos recurrido a la magia nigromante.
Al principio me inquietaba la idea. Ahora, en cambio, estoy más que satisfecho con el trabajo de Bel.
El hechizo es preciso y brutal en su eficacia: utiliza cabello de las personas autorizadas a entrar en el dormitorio. Si no perteneces a ese círculo, la habitación te rechaza. Pero lo verdaderamente útil es que Bel puede sentir cuando algo no va bien.
No solo una intru