LEONARDO
Cuando solté aquello de “para mí fue un simple beso”, sentí cómo la garganta se me cerraba, como si las palabras me arañaran por dentro al salir. Ese beso… estuvo demasiado bien, pero también, es demasiado peligroso.
Nunca había querido besar a nadie tanto como quise besarla a ella. Nunca. Y aun así tuve que fingir indiferencia ante ella, como si no hubiera sentido el calor de sus labios, ni el temblor que me recorrió la espalda, ni ese maldito impulso de volver a hacerlo.
Tiene que se