GEMA
Leonardo y yo caminamos de regreso por los pasillos vacíos de la Orden, el silencio solo interrumpido por nuestros pasos. Por un instante, todo lo demás desaparece: el mundo se reduce a nosotros dos, a la cercanía de su presencia, a la tensión que todavía parece flotar en el aire.
Mi mente está en completa ebullición. Repaso todo lo que ocurrió en la discoteca, cómo sus palabras siguen resonando en mi cabeza: “¿Y no la tengo?…” y el vacío que sentí al separarnos de repente, justo cuando los