GEMA
El sol se filtra por las cortinas y lo primero que siento es mi entrepierna mojada e hinchada.
En un milésima de segundo me incorporo, aparto las sábanas y me observo a mi misma y entonces recuerdo todo.
Leonardo…
Leonardo…
Leonardo…
—Diosa Luna…abre un agujero en esta habitación y trágame pero no me devuelvas nunca, por favor.
El recuerdo de Leonardo susurrándome al oído se forma en mi mente. Él, tan tranquilo, mientras yo ardía como si me hubiera tragado el mismísimo fuego del infierno.