CAPÍTULO 25: La ayuda
Leonardo

Agradezco que los pantalones del uniforme de cazador no sean ajustados porque en cuanto ví a esa mujer retorciéndose de deseo, mi entrepierna se endureció dolorosamente. Incluso ahora, mientras su respiración roza mi cuello, me invade el deseo visceral de hundirme en ella…

Pero ella no quiere eso. Y aunque desee lo mismo que yo, no debo involucrarme con alguien como ella.

Por eso, aunque esté al límite, debo comportarme como su supervisor y cumplir con mi deber sin involucrarme m
Vi LS

Gracias por seguir la novela, ¿qué os parecen estos dos? Vils

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