GEMA
El silencio se extiende unos segundos que parecen eternos. Aster inclina la cabeza, sus ojos oscuros fijos primero en Leonardo y luego en mí. Siento cómo me atraviesa con la mirada, evaluándome, como si pudiera leer cada pensamiento, cada impulso de rabia o miedo que intento contener.
—Ah… vosotros dos —dice lentamente, saboreando cada palabra—. Tenía tantas ganas de que llegara este momento.
Su sonrisa se ensancha, cruel.
Muchos más vampiros, que no había visto antes, comienzan a entrar e