Gema
Por un momento, Leonardo se quita a varios de encima pero vuelven a por él. Esas sanguijuelas están sedientas de sangre.
Cada vampiro que se acerca es un objetivo para mí, lo quiero muerto. Mi cuerpo se mueve solo, impulsado por una furia descomunal y sigo atacando sin descanso.
Pasan los minutos —o eso creo— mientras me lanzo una y otra vez contra los vampiros que me rodean. Ataco sin pensar, sin medir fuerzas, sin importar el dolor, un dolor atroz que me cala en los huesos cada que me golpean. Caen varios bajo mis garras, sus cuerpos se desploman a mis patas… pero no sirve de nada.
Son demasiados.
Aster esta empalmado y se rie viendo mi desesperación, escuchando mi agonía...
Por cada uno que cae, otros ocupan su lugar, cerrándome el paso, empujándome lejos de él. Cada intento por alcanzarlo termina igual: manos que me sujetan, colmillos que perforan mi piel, risas ahogadas entre dientes manchados de sangre…
La certeza me desgarra por dentro.
La sangre de vampiros mancha mi bo