GEMA
La expresión de Leonardo me sorprende. Puedo ver que le ha afectado tener que acabar con aquel mago oscuro. Sé lo que siente: no lo mató por odio, sino porque no había otra salida. El mago nunca habría parado… habría destrozado todo a su paso, igual que la sociedad que lo formó lo ha ido destruyendo a él.
Bel se coloca a mi lado, sus ojos fijos en Leonardo. Juntas lo observamos, intentando entender lo que se le pasa por la cabeza. Leonardo, al notar nuestras miradas, fuerza una expresión desinteresada mientras que mira al mago que yace sin vida en el suelo.
Hay algo que me preocupa y es que Leonardo parece cansado aunque intente ocultarlo. La cantidad de magia que ha tenido que canalizar le está pasando factura, por eso le digo:
—¿Necesitas descansar? —pregunto.
—No… —responde Leonardo con voz tensa, sin mirarme.
Miro a Bel y ella sugiere:
—Podemos camuflarnos. Conozco el hechizo perfecto… y después…
Un grito espeluznante corta sus palabras, resonando por todo el pasillo. Bel se