Leonardo
El aire se tensa en la iglesia. Cada mirada de los presentes sigue cada movimiento, cada respiración. Mi padre se adelanta, rígido, sus ojos fijos en los míos. Siento cómo la magia burbujea bajo mi piel, lista para explotar.
—Padre —digo, con voz firme—, hoy me dirás la verdad sobre mi madre.
Él sonríe, pero no es una sonrisa de tranquilidad, es de desprecio calculado. Levanta la mano y un chorro de energía oscura surge de sus dedos, directo hacia mí. La detengo con un escudo de luz que arde en mis manos, chispeando mientras la fuerza de su ataque intenta derribarme.
—¡No me desafíes! —gruñe, y otra ráfaga de magia negra se estrella contra mí. La iglesia tiembla y el anciano que ha hablado antes protege con su magia a los presentan.
Algunos también se apartan.
No retrocedo.
Mi magia responde, envolviéndome en un torbellino de energía dorada y azul. Cada golpe que lanzo es medido, controlado, diseñado para desgastarlo, para presionarlo hasta que no le quede otra opción que hab