LEONARDO
Mi padre se recompone despacio.
Se coloca la túnica un poco ladeada por darme una bofetada y entonces… se ríe.
Una risa grave, incrédula, que resuena en la iglesia y provoca un escalofrío general.
—¿De verdad crees que alguien va a creer semejante estupidez? —dice, abriendo los brazos—. Yo no maté a nadie.
Algunos magos intercambian miradas incómodas. Otros asienten, aliviados por tener una explicación sencilla a la que aferrarse.
Hace una pausa breve, lo justo para que la duda se inst