—¡Lo tengo! —gritó Nathan a mitad de la madrugada cuando Alessia estaba por caer dormida arriba de su taza de café.
—¿Qué? ¿Qué pasó? —preguntó Matthew al tiempo en que se sentó en el sofá donde llevaba un rato durmiendo—. ¿Están todos bien?
Alessia bostezó y dijo:
—Sí, creo… ¿Qué pasa, Nathan?
Nathan no habló, sino que sus dedos se movían a toda velocidad sobre el teclado de la computadora.
Alessia y Matthew intercambiaron una mirada, lucían agotados, pero era la última noche antes de la junt