Alessia sintió como si un balde de agua fría cayera arriba de ella al entrar en la oficina.
—Buenos días —cantó Lisa—. En diez minutos tengo una junta en línea con la afortunada autora que nos salvará de quedarnos sin empleo, ¿no es una mañana maravillosa?
Alessia quiso decir que sí, que lo era, pero ver a Celine le había retorcido el hígado y, además, no era maravillosa porque tuvo que presenciar a dos niños con el corazón roto durante todo el domingo y esa mañana mientras desayunaban.
Emery s