Matthew acabó el tercer whisky frente al minibar del departamento. Nathan lo rellenó, como hizo las otras dos veces, y volvió a sentarse al lado de él.
—No puedo creer que te culpe por marcharse.
—Quizá tiene razón, yo estaba tan entusiasmado con ser padre que… quizá lo arruiné todo —reflexionó Matthew—. Tal vez es mi culpa que ellos crecieran sin una madre.
—Bueno, el hecho es que ella es la madre, el «hubiera» ya no existe, debió ser responsable con sus hijos.
—Es fácil decirlo, pero ser pad