—¿Es aquí? —preguntó Alessia y se asomó por la ventanilla para mirar la fachada del exclusivo gimnasio.
—Sí, es aquí —confirmó Thomas al volante de la camioneta—. Ya le he avisado que veníamos en camino, así que el señor Lambert debe estar por salir.
—Lo dudo —suspiró Joanne—. Iré a buscarlo.
—¡Jo!
Pero la niña ignoró a Alessia, porque ya tenía más confianza con ella, y salió de la camioneta sin esperar.
Alessia se bajó rápido y la siguió al interior del edificio. Llevaba su vaso desechable de