Matthew se preguntó quiénes eran todos esos invitados si su hermano no tenía amigos en Nueva York… o en ningún lugar.
Celine se acercó luciendo un enterizo en color morado y con una copa en la mano.
—Bienvenidos a nuestro «humilde» hogar, pueden entregar los abrigos ahí, adelante.
«Humilde», reflexionó Alessia. Incluso Lea miraba anonadada el sitio que más parecía palacio. Era una casa antigua y amplia, con un enorme jardín y techos altos; una joya escondida en Manhattan.
Joanne entregó su abr