—Lea…
—¡Es tu culpa, mami! ¡Mi papi tiene razón!
Alessia respiró hondo, avanzó lento hacia el colchón y tomó asiento al lado de su hija.
—Hija, tu papá y yo no somos compatibles para una relación, pero te amamos más que a nada y…
—¡Es que tú lo haces sentir mal cuando viene! —chilló la niña y se sentó en el colchón—. ¡Te quedas trabajando y no juegas con nosotros!
Alessia hizo un asentimiento.
—Tu padre y yo no tenemos la mejor amistad, Lea, no puedes obligarme a pasar más tiempo con él del que