William se desconcertó por una breve fracción de tiempo, pero rápido recobró la compostura e inspeccionó al hombre que lo miraba de forma amenazadora. No necesitaba ser un genio para saber que, fuera quien fuera, no estaba bromeando y lanzando amenazas vacías.
Aun así, no estaba en su ADN intimidarse, aunque supiera que podía estar a segundos de terminar sin un par de dientes.
William plantó cara a Matthew. Se irguió para hacer lucir su escaso metro setenta y trató de no cohibirse con el metro