La conversación entre ellos era cómoda, así como los silencios. Podían hablar del trabajo, brincar a la última película que vieron en el cine o permanecer callados mientras los números cambiaban en el ascensor.
Bajaron en el estacionamiento subterráneo. Thomas ya se había marchado, así que Matthew conduciría.
—Pero no puedo dejar mi auto el fin de semana entero —dijo Alessia mientras señalaba el vehículo de medio uso que había comprado un año atrás.
—Dame la llave y me encargaré de que alguien