Siento un sentimiento raro al ver que Anabela está despierta.
Veo sus lindos ojos azules que me encantan. Ella me ve atentamente.
—Me duele la cabeza —dice Anabela y pone sus manos en la cabeza.
—Si te embriagaste —le contesto; no quiero que recuerde que la empuje.
—Sí, me embriagué, pero espera... Tú me empujaste —me dijo y me miró con su expresión de enojo.
—No, eso no pasó —miento.
—Claro, qué pasó, yo intenté alejarte y me empujaste —vuelve a repetirlo muy enojada.
Se separa de mí y