Dante
Estoy sentado enfrente de todas las demás personas.
Las palabras que dijo mi niña están en mi cabeza.
Estoy muy distraído; no noto que alguien se sienta a un lado de mí.
—Hola, Dante, veo que sigues igual de guapo —escuchó esa voz y volteó de inmediato.
—¿Qué haces aquí? —le digo a esa persona.
—Ya no merezco un hola por los buenos tiempos que pasamos —mencionó la mujer.
—No, tú no mereces eso —le restregó muy enojado.
Me levanto de la mesa y me voy sin rumbo. Llego a la parte tra