LARS
—¿Llevarte a verlo? ¿Estás loco? Para empezar, ni siquiera ha salido de cirugía, Lars, y tú también estás mal.
—Pero quiero ir a verlo —protesté con firmeza y lo miré a los ojos—. No estoy ni de cerca tan mal como él, Soren, y necesito estar ahí. Él me salvó, le debo mi vida.
Y se la debía por partida doble, porque no solo me salvó el culo esta vez, sino unas semanas antes, cuando se encargó de los primeros secuestradores con sus escoltas.
Tenía una deuda muy grande con ese hombre. ¿Cómo d