Flavia narrando
La luz suave de la mañana comenzó a filtrarse por las rendijas de la cortina, y fue eso lo que me despertó. Abrí los ojos despacio, aún envuelta en el calor del sueño, y me tomó algunos segundos entender dónde estaba. Fue entonces cuando lo percibí: estaba recostada sobre el pecho de Rafael.
Mi corazón dio un salto. La vergüenza me invadió tan rápido que mi rostro se encendió de inmediato. Quería encogerme, desaparecer, cualquier cosa. Estábamos en el pequeño sofá rosa del cua