¿Qué estaba haciendo?
Tomó su cabeza y tiró de su cabello. Bianca era su mejor amiga, no podía dejarla sufrir de la manera en que lo hacía en este instante. Pero, ¿cuál era el plan? Nada de esto le incumbía, no podía meterse ni mucho menos opinar. No debía arreglar una relación que no era la suya.
—James.
La vocecita de Liam salió suave y sorprendida. James se giró de golpe y no pudo evitar el alivio que rodeó su cuerpo.
Y es que el joven lucía bien. Estaba de pie, dentro de un impecable traje y bien peinado.
Su mirada viajó hasta la colorida bolsa que sostenía en su mano.
Liam se removió incómodo.
—Son dulces para Leo… Sus favoritos… Los compré en la tienda de enfrente antes de venir aquí…
—Oh, entiendo… —Se obligó a reaccionar.— ¿C-cómo estás?
Completamente destrozado. La extraño tanto que duele.
—Bien.
James asintió rápidamente.
—Me alegro mucho… —Palmer se mantuvo de pie unos segundos, buscando la mirada del chico, pero al no encontrarla solo se despidió y siguió camino a su auto.