El puesto al que aparecía postulado era muy prometedor. De hecho, tanto él como Bianca habían ido a la misma universidad y estudiado la misma carrera. Se sorprendió al no reconocer el rostro de la foto.
Un gran interés creció en su mente y no pudo evitar analizar página tras página. Soltó una risa al notar claramente la letra de Jennie en la hoja de desarrollo, pero un nudo surgió en su pecho al leer las respuestas.
—Y mi meta más importante en la vida es hacer feliz a mi hijo —leyó conmovida—. Son unos idiotas, ¿dejarlo fuera por ser padre soltero?
De forma ágil, encendió la pantalla del computador y tecleó sin descanso, rebuscando en distintos archivos y carpetas. Pronto, la impresora comenzó a sonar. Con mucha satisfacción, quitó la primera plana del currículum y la lanzó a la basura. Tomó la nueva impresión y le estampó aquella marca de color verde.
—Esto les pasa por no invitarme —dijo un poco resentido—. ¡Felicidades, Liam, tienes trabajo!
—¿En serio creíste que te amaba? —Las p