Ambos esperaron un poco, disfrutando la compañía del otro en aquella banca mientras Bianca miraba la hora, considerando si era prudente volver o no. Cuando el frío empezó a colarse por sus abrigos, la chica nuevamente tomó aquella pequeña manita y caminaron de vuelta. Aunque fuera irónico, esperaba que todo estuviera bien.
Liam tecleaba con una profunda concentración. De forma extraña y un poco desconcertante, la oficina estaba en silencio; James, a su lado por primera vez, trabajaba de manera ardua, mientras Richard y Michael conversaban hacía horas en una reunión extraordinaria. Clara no había hecho acto de presencia, y Liam comenzaba a sentirse incómodo. Era extraño, una gran desazón comenzaba a revolver su estómago.
Entonces suspiró y reanudó su trabajo. Liam tenía un mal presentimiento.
Dos grandes ojos de ciervo se asomaron por una orilla del sillón. Rápidamente, el pequeño se lanzó encima de los adultos, quienes pretendieron estar sorprendidos por el ataque. Leo reía sin parar,