Ambos esperaron un poco, disfrutando la compañía del otro en aquella banca mientras Bianca miraba la hora, considerando si era prudente volver o no. Cuando el frío empezó a colarse por sus abrigos, la chica nuevamente tomó aquella pequeña manita y caminaron de vuelta. Aunque fuera irónico, esperaba que todo estuviera bien.
Liam tecleaba con una profunda concentración. De forma extraña y un poco desconcertante, la oficina estaba en silencio; James, a su lado por primera vez, trabajaba de manera