Oh, aquel sentimiento que enviaba tibieza desde lo más profundo de su corazón hasta el resto de su cuerpo. Sus ojos tan brillantes como para sostener un millón de galaxias y una sonrisa tan sincera que ojalá nunca desapareciera.
De una manera platónica, Leo estaba completamente enamorado de la chica: su belleza, su delicadeza, sus palabras y su tacto. El pequeño adoraba a Bianca con toda su alma y disfrutaba de pasar tiempo con ella y su papá. En su cabeza, simplemente no podía imaginar un escenario mejor que ellos tres abrazados en el sillón mientras veían una película y comían algún dulce.
Un chillido emocionado escapó de su garganta cuando la puerta del departamento fue levemente golpeada. Bianca rió del otro lado. Aunque tenía sus propias llaves para abrir, adoraba “avisarle” al niño que ya había llegado.
Abrió la puerta y lo recibió en sus brazos con agilidad y cariño. Bianca incluso daría la vida por el precioso niño. Ambos se aferraron el uno al otro e hundieron sus narices en