Como si la cercanía quemara, ambos separaron sus cuerpos, completamente desorientados y con un gusto amargo que bajaba por sus gargantas. El pequeño niño caminó hasta la sala de estar, su pancita gruñendo mientras los rastros de la siesta seguían presentes. Tras él, pudo escuchar pasos rápidos y torpes, y entrecerró los ojos en el momento en que encendieron la luz.
Bianca y Liam compartieron una mirada antes de correr en direcciones distintas. Ella en busca de algo decente para la cena y él yen