—L-lo siento —murmuró con pena la chica, sintiendo que volvería a llorar. El pelinegro le miró directamente, la corta distancia ayudándole a destacar aquellos detalles que antes quizás no había notado, los surcos en sus ojos y pliegues en sus labios.
—Solo quiero que estés bien —murmuró de vuelta. Bianca formó un puchero y pronto sus ojos se cristalizaron de nuevo, sintiendo las lágrimas otra vez. Escondió su rostro en el cuello ajeno, respirando de forma errática al tiempo que se odiaba por ser tan sensible.
—Eres hermosa, probablemente una de las mejores sorpresas que me ha dado la vida —Bianca sorbió un poco su nariz.
—¿Q-qué hay de Leo?
Liam rió de forma ligera.
—Eso no fue una sorpresa. Si tienes sexo, ¿qué esperas? ¿Un gato?
La chica rió levemente antes de respirar buscando un poco de calma.
—Podrías hacer eso si fueras gay.
El pelinegro sonrió y cerró los ojos.
—No soy gay. —la chica se quedó en silencio—. Mi atracción se limita a cierta chica preciosa que me tiene babeando des