—L-lo siento —murmuró con pena la chica, sintiendo que volvería a llorar. El pelinegro le miró directamente, la corta distancia ayudándole a destacar aquellos detalles que antes quizás no había notado, los surcos en sus ojos y pliegues en sus labios.
—Solo quiero que estés bien —murmuró de vuelta. Bianca formó un puchero y pronto sus ojos se cristalizaron de nuevo, sintiendo las lágrimas otra vez. Escondió su rostro en el cuello ajeno, respirando de forma errática al tiempo que se odiaba por se