—Todo esto es por culpa tuya —dijo Robert con gravedad.
Edith se irguió.
—No es justo. ¡Y tampoco es cierto!
Estaban en la entrada del salón de baile, y Lisa acababa de salir corriendo entre ellos, sollozando. Jon se quedó solo en medio de la pista, pálido. Mirando a Edith, Robert hizo una señal a la orquesta y el director lo comprendió: en el acto la orquesta atacó de nuevo el vals.
Robert cogió a Edith por el codo y la condujo a la pista de baile. Ella protestó cuando él la sujetó por la ci