Capitulo 23

La mirada de él se enardeció aún más, y obedeció, empujando lo justo para introducirle el hinchado glande.

Elisa se tensó, abriéndosele los ojos.

—No temas —murmuró él—. Te dolerá pero sólo por un instante.

Lisa se humedeció los labios, mirando sus cuerpos parcialmente unidos.

—No tengo miedo —logró decir.

Él sonrió, se inclinó y la besó en la boca y la oreja y le lamió un pezón, mientras la penetraba delicadamente.

Cuando ella se relajó, él la penetró milímetro a milímetro todo lo que pudo p
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