Jhonn sonrió.
—Buenos días, O’Hara. Hace un día maravilloso, ¿verdad?
Los ojos del mayordomo se agrandaron. No había visto al marqués con aquella sonrisa desde la tragedia ocurrida hace algunos años. Hoy parecía ser el niño sonriente y el joven lleno de ilusión que fue antes de la muerte del joven amo y de la primera esposa del señor.
—Hace buen día, ¿verdad, 0'Hara? —repitió Lisa dulcemente. Su rostro tenía cierto brillo, que la hacía resplandecer. Le dedicó una amplia sonrisa; nunca había e