La noche cayó pesada sobre Charleston, como si presagiara que nada de lo que estaba ocurriendo podía terminar bien. Mientras Brenda salía de la mansión tomada del brazo de Valentín, con Lea siguiéndolos como si fuera una sombra dócil, Morgan se quedó solo en el gran salón, con el eco de aquella revelación retumbándole en la cabeza.
Cleopatra.
Ese nombre ardía como fuego antiguo en su memoria.
Apenas la puerta se cerró, Morgan dejó escapar un gruñido ahogado. Sus colmillos asomaron con rabia con