LAURA
La mesa estaba servida con esmero, como todas las noches. Sin embargo, el ambiente era tenso, casi irrespirable. Mi padre, con su postura impecable y el gesto tranquilo, trataba de mantener la compostura, pero yo conocía demasiado bien sus silencios. Sabía que no quería profundizar en el tema de Bryan, no solo por la vergüenza de la situación, sino porque entendía lo que yo sentía por él. Además, Bryan era un practicante en el hospital y eso complicaba aún más las cosas.
—Escuché lo que p