LAURA
En ese instante, cuando nuestros labios casi se encontraban, un grito repentino rompió el silencio.
—¡Chicos! —gritó Ramiro desde la puerta, su voz firme pero con un tono animado que contrastaba con el torbellino de emociones que sentía dentro. Nos apartamos bruscamente, como si el grito hubiera sido un golpe físico.
Mi corazón latía con fuerza, resonando en mis oídos, mientras Martín daba un paso atrás, su mano soltando la mía con una mezcla de torpeza y arrepentimiento. Por un segundo,