MARTIN
Había empezado todo mal. Lo sé. Mi impulsividad me traicionó y la lastimé de una forma que nunca me perdonaré. Fue un error terrible, una noche que jamás debió existir. La rabia me cegó y fui en contra de lo que me había prometido a mí mismo: ganarme su amor, no forzarlo. Pero aquí estoy, tratando de remediar lo irreparable.
Verla ahora, sentada frente a mí, tan hermosa y vulnerable, me llena de un deseo ardiente y una tristeza profunda. Sus ojos no me mienten, por mucho que intente ocul