Laura
Bryan regresó con un vaso de cerveza y lo colocó frente a mí con más fuerza de la necesaria.
—Aquí tienes —dijo con voz dura.
Le sostuve la mirada un instante antes de tomar el vaso con calma y dar un sorbo.
—Salud —musité, intentando que mi voz sonara indiferente, aunque el aire se volvía cada vez más denso a mi alrededor.
El juego apenas comenzaba.
Terminé mi porción de pizza con parsimonia, sintiendo cada bocado como un peso en mi estómago. El silencio incómodo se alargaba, denso, sof