MARTIN
Mi corazón se desmoronaba dentro de mi pecho, y sin embargo, había una parte de mí que no podía dejar de sentir un retorcido placer al escucharla gemir. Esos gritos, esas palabras cargadas de placer, las sentía mías. Solo mías.
De repente, Laura dijo algo, su voz temblorosa:
—Siento que alguien nos está observando.
Me alejé de la puerta de inmediato, el corazón latiéndome con fuerza en las sienes. Me apoyé contra la pared y agucé el oído. Cuando los escuché moverse hacia el baño, aprovec