LAURA
—Iré atrás, gracias —le dije, con una mueca.
—Sabes que papá está mirando por la ventana, ¿quieres que piense que sigues molesta conmigo? Podría explicarle con lujo de detalle por qué lo haces —dijo, mirándome con una sonrisa desafiante.
—¡Cállate! —respondí, entrando al auto con una sonrisa forzada, como si estuviera complacida de que me acompañara.
Cuando el auto arrancó y estábamos a solo una cuadra de casa, me quité el cinturón de seguridad y me pasé a la parte de atrás.
—¿Qué haces?