LAURA
Al llegar a casa, la sensación de angustia me invadió. El aire se sentía denso, como si cada paso que daba hacia mi habitación me acercara más a un abismo. Apenas pude saludar a mis hermanos antes de huir hacia mi refugio, cerrando la puerta detrás de mí con un estruendo que resonó en mi cabeza.
Me dejé caer sobre la cama, aún sintiendo el calor de Martín en mis labios, esa mezcla de deseo y confusión que no dejaba de repetirse en mi mente. No quería pensar en eso, no quería dejar que esa