MARTIN
Una semana después, Alex me llama.
—Ya tengo todo listo —dijo con voz firme—, pero antes de enviar los videos, necesito asegurarme de que Bryan los tenga en su laptop junto con las fotos.
Me explicó el plan. Me daría una USB que debía conectar a su dispositivo. Ahí estarían los videos y el pago por la venta de las fotos.
—Todo es perfecto, sin dejar rastro —añadió con confianza—, pero si algo sale mal, tú no me conoces.
Yo solo sonreí.
Necesitaba, de una vez por todas, terminar de hundir