LAURA
Martin siguió jugando conmigo.
Sus manos, sus labios, sus palabras ardientes me envolvían como una red de fuego, atrapándome en un torbellino del que no podía —y quizás no quería— escapar. Cada caricia suya encendía mi piel, cada susurro al oído me hacía temblar. Me tenía completamente a su merced, sumergida en un mar de deseo que no podía controlar.
—Mírate… —murmuró contra mi cuello, con su lengua rozando la piel—. Estás temblando por mí. Sé lo que quieres, Laura… lo que necesitas.
Su v