Capitulo 52

—¡Esto no tiene gracia! —le espeté en un susurro, sintiendo cómo el rubor me quemaba la cara.

Él me miró con esa expresión suya, mezcla de diversión y deseo, y antes de que pudiera alejarme más, me tomó suavemente del mentón y me besó. Fue un beso lento, tranquilo, como si quisiera absorber toda mi tensión con sus labios.

—Relájate —murmuró contra mi boca, acariciándome la mejilla con el pulgar—. De todas formas, en esta casa ya saben que eres mía.

Me aparté de un empujón, fulminándolo con la m
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