LAURA
Su mirada tenía una intensidad peligrosa, una mezcla de deseo contenido y venganza calculada.
—Martin, ya es tarde. Debemos llegar a casa… —intenté decir, pero mi voz tembló un poco, delatándome.
Él sonrió más. Sabía que tenía el control ahora.
—Oh, llegaremos a casa… —susurró, inclinándose hacia mí—. Pero antes voy a enseñarte lo que pasa cuando juegas conmigo.
Mi respiración se aceleró cuando su mano se deslizó por mi muslo, subiendo lentamente, rozándome con una calma tortuosa.
—¿Te gu