El pinchazo en su brazo la hizo cerrar los ojos. Ese día se cumplían los tres meses de su primera inyección anticonceptiva, y diligentemente asistió a su segunda dosis.
En ese lapso, cambiaron el departamento lujoso por una casa majestuosa, cinco veces más grande. Lo que implicaba un mayor número de empleados y una mayor muestra de gratitud hacia Axel.
“¡Es nuestro castillo!”, le había dicho Alana, emocionada, la primera vez que estuvo frente a esa mansión.
―Señorita Herrera, hemos termin