«Eres la sustituta de una mujer muerta. Grábate eso si no quieres terminar como ella.»
Cada palabra de esa cruel y elegante mujer golpeaba como un martillazo. Las gotas de agua resbalaban sobre su piel desnuda y, aunque al principio creyó que un baño calmaría sus ruidosos pensamientos, nada funcionaba.
Las únicas personas que la habían amado y protegido eran: su abuela y su amiga Karina, aunque está última a su manera.
Alana, su hermana, por su parte, la reconfortaba con palabras suaves y un a